miércoles, 12 de octubre de 2016

El precio fijo de los libros: la excepción cultural

Al igual que hicimos en anteriores entradas del blog con el pago dinámico o el pago social, trataremos hoy de explicar el porqué del precio fijo de los libros en España, su historia y el enfrentamiento entre sus detractores y sus defensores. Nos preguntamos también si es el momento de revisar o no la llamada "excepción cultural".

El precio fijo de los libros está regulado en España por un Real Decreto. La lectura y su fomento son uno de los pilares donde se apoya el derecho a la educación y la cultura en la sociedad de la información, y con ese espíritu se creó la Ley 10/2007, de 22 de junio, de la lectura, del libro y de las bibliotecas.

El libro nos ha llegado en un único formato durante siglos, pero en la actualidad su contenido lleva distintos envoltorios. La conocida como "ley del libro" nos dice que el objeto que hay que proteger es "la lectura", independientemente del formato en que nos llegue.

El sector del libro se encontraba regulado por la Ley del Libro 9/1975, de 12 marzo. La ley de 2007 tuvo que redefinir por completo el concepto de libro. Según la Ley ésta es su definición:

Libro: obra científica, artística, literaria o de cualquier otra índole que constituye una publicación unitaria en uno o varios volúmenes y que puede aparecer impresa o en cualquier otro soporte susceptible de lectura.

Se entienden incluidos en la definición de libro, a los efectos de esta Ley, los libros electrónicos y los libros que se publiquen o se difundan por Internet o en otro soporte que pueda aparecer en el futuro, los materiales complementarios de carácter impreso, visual, audiovisual o sonoro que sean editados conjuntamente con el libro y que participen del carácter unitario del mismo, así como cualquier otra manifestación editorial.

Se considera que el libro es más que una mera mercancía y por eso hay que protegerlo
Se considera que el libro es más que una mera mercancía y por eso hay que protegerlo. La Ley lo considera el soporte que contiene todo el pensamiento humano. Gracias a él, la lectura es posible como acto trascendental y único de la especie humana.

Los sistemas de precio fijo o único de los libros tratan de posibilitar que en las librerías convivan los libros que se venden fácilmente (que en el mundo editorial se llaman de rotación rápida) con un catálogo de "fondo" que pueda estar disponible. El fondo bibliográfico de las librerías facilita indudablemente el acceso igualitario y diverso a la cultura.

La ley de 2007 establece las obligaciones específicas de los agentes del sector y expresa la prohibición del uso del libro como reclamo comercial para vender otros productos que no son libros. Sin embargo, quedan fuera del precio fijo los libros de texto.

Este tipo de protección reflejada en la ley del libro suele denominarse "excepción cultural". Con ella se pretende proteger la lengua y las culturas locales de la liberalización comercial. La naturaleza singular de la cultura justifica un régimen legal y económico diferente.

Las librerías pueden aplicar como máximo un 5% de descuento, exceptuando algunos momentos especiales
En España el precio fijo lo establece el editor o importador. Las librerías pueden aplicar como máximo un 5% de descuento, exceptuando algunos momentos especiales como Ferias del Libro o Día del Libro.

Hay países como Francia, Portugal, Alemania, Italia o Argentina que cuentan con leyes similares. Otros países como Reino Unido, Suecia, Dinamarca o Finlandia las han derogado.

A pesar de la ley, el precio fijo tiene partidarios y detractores que, extrañamente, a veces esgrimen argumentos similares, aunque sus posturas sean radicalmente contrarias.

Sin duda, el precio fijo contribuye a que los libros cuenten con una mayor difusión. Garantiza la competencia leal entre los libreros, salvando así obstáculos geográficos o problemas de competencia a la vez que permite el desarrollo de las librerías tal y como las conocemos.

Los defensores del precio fijo explican que la competencia sigue existiendo entre editores y sólo se elimina entre detallistas, que, sin embargo, habrán de competir en oferta de servicios y profesionalidad.

El número de libros en catálogo en España es apabullante, por lo que la rentabilidad es desigual entre unos y otros. Es necesario el equilibrio entre los ejemplares de grandes ventas y los de rotación lenta. Dada la pluralidad de la oferta editorial se considera necesaria una red de librerías que conecte con un público concreto y así las librerías puedan competir en diversidad.

Los partidarios de continuar con el precio fijo dicen que su posible abandono provocaría inevitablemente una reducción de la oferta editorial: las grandes superficies ofrecerían como reclamo los best sellers a muy bajo precio y compensarían con los otros productos que venden. Esta forma de trabajar sería insostenible en las pequeñas librerías, el canal librero reduciría sus ventas y poco a poco irían desapareciendo. Se produciría una concentración en grandes tiendas. Los libros con pocas ventas dejarían de editarse y desaparecerían a su vez las editoriales pequeñas. Y una vez controlado el mercado desaparecerían esos grandes descuentos.

Los detractores del precio fijo defienden que en el escenario actual la ley no sirve para su propósito, que era el de “proteger la lectura y el libro”. El precio fijo no consigue fomentar la lectura y, por ende, no dinamiza el sector.

Aunque el ebook está sujeto al precio fijo, a efectos fiscales es considerado un servicio y tiene más impuestos
El precio fijo afecta por igual a los libros en papel y a los electrónicos. Sin embargo, el ebook, aunque esté sujeto al precio fijo, a efectos fiscales es considerado un servicio y tiene impuestos mayores. En ese punto ya nos encontramos la primera diferencia.

Otra diferencia radica en que los canales de venta del ebook se multiplican gracias a Internet. Digamos que comercializar un libro electrónico es más sencillo que vender libros impresos.

Los que están en contra de mantener el precio fijo de los libros aseguran que demasiada regulación puede provocar que los operadores del sector sean poco innovadores. En la actualidad Internet facilita la desintermediación y habría que adecuar el trozo del pastel que se lleva cada eslabón de la cadena.




Muchos autores, editoriales especializadas e incluso libreros encuentran una vía de escape en el mundo online y en todas las posibilidades que ofrece. Profesionales del sector que no han tenido nada que objetar durante años al precio fijo, han cambiado de opinión con el escenario actual.  

Un ejemplo de cómo ha funcionado el mercado lo tenemos en el caso de los libros de texto. Los libros de Primaria y Secundaria son “la excepción a la excepción” y no están sujetos a la ley. Llegado el momento de la aplicación, los editores tuvieron que explicar claramente dónde iba cada euro del precio de venta al público para así justificar que el precio de los libros era justo.
En Lektu optamos por ser lo más claros posibles en cuanto a dónde va el dinero que pagas por un producto digital (autor, ilustrador, editor, etc.).

Más allá de las posiciones claramente sesgadas de los grupos mediáticos con intereses directos en el mundo del libro, ¿sigue siendo la excepción cultural a través del precio fijo la manera de proteger los intereses de la lectura?
El premio Nobel Vargas Llosa encuentra un choque frontal entre la libertad personal y el proteccionismo que concede la excepción cultural. Se pregunta quiénes son los encargados de decidir qué es arte o cultura y qué no lo es: "¿Y quiénes serán los encargados de llevar a cabo ese delicadísimo discrimen entre el arte integérrimo y la basura?", dice Vargas Llosa.

En Europa en general se respalda la ley por parte de todo el sector editorial. El problema se plantea ante la compra de libros electrónicos. 
La internacionalización y el entorno digital están cuestionando si, al menos, sería posible o beneficioso un cambio de la ley para los productos digitales.

Nadie tiene fórmulas mágicas, pero el cambio constante que nos rodea nos obliga a movernos en un nuevo hábitat en el que el precio fijo a veces limita la adaptación.

Las librerías generalistas tradicionales están desapareciendo para dar paso a un librero especializado que nos ofrece algo más que libros, llamémoslo una "experiencia cultural". Y, en cuanto al mercado del libro digital, se adoptan nuevas formas de pago y de comercialización que están cambiando las reglas del juego.

Los hábitos de consumo cultural ya no se parecen en nada a los de hace diez años, y aunque las medidas de protección al sector no pueden ser eliminadas,  necesitan algunas modificaciones que permitan su supervivencia. Y parece que las claves están en la internacionalización y en el entorno digital


Lali Rico

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